La memoria del vino

“Donde mejor se conserva el vino es en el recuerdo” me dijo una vez Mauricio Wiesenthal. En realidad, no sé si esta fase es de su propia cosecha o es un préstamo de alguien. Lo que sí es cierto, es que pocas frases sobre la cultura del vino me han impresionado tanto como esta. Es una verdad como un templo y además es una verdad muy poética. Muchas personas adineradas se jactan de tener grandes bodegas donde guardan vinos ya en decadencia, para bebérselos o tal vez para subastarlos más tarde. Yo no tengo ni un céntimo y no me puedo permitir tener una bodega ni comprar grandes cantidades de los vinos que me apasionan. Así que me contento con el recuerdo de ellos. Especialmente, del recuerdo de haber compartido botellas que me han costado un dineral con mis amigos y familia. El vino es muy desagradecido de conservar, todo le afecta en lo malo, el calor y frío extremos, la sequedad del ambiente, la luz, etc. Así que prefiero, envés de conservar el vino, conservar su recuerdo. Y cuando éste se disipa, ya que las sensaciones uno las llega a perder con presteza, sigo conservando el momento de tomar el vino. Recuerdo unas catas de Riojas con mis amigos Abel y Alberto en Varsovia, un botellón con Borgoña en París con mi amor Eliana, un descorche de Carménère con nuestra amiga Margarita en Bogotá, y así un largo etcétera. La memoria es la mejor conserva del vino.

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