Biodinámica: la luna, la tierra y el vino

La práctica biodinámica está ganando cada vez más adeptos entre productores y consumidores de vino desde hace ya algunas décadas. Muchos se preguntarán en qué consiste esta práctica y qué cualidades aporta al producto, pero la respuesta no es sencilla.

La biodinámica fue un remedio que propuso el científico y filósofo austríaco Rudolf Steiner a la baja producción agrícola y que consistía en una serie de preparados con partes orgánicas de animales como cuernos de vaca, cenizas, orines, estiércol, también de plantas como ortigas y valeriana, así como minerales varios. Todo ello mezclado, tratado y aplicado de una forma muy particular. Además, la biodinámica vuelve a tomar la luna como referencia en las labores del campo, se interesa por las variedades locales y hace hincapié en el trabajo manual. Todo para que la tierra de cultivo sea más rica en nutrientes y microrganismos en sintonía con las leyes de la naturaleza, pues la biodinámica considera las explotaciones agrícolas como un organismo complejo.

La práctica de la biodinámica se considera una forma casi esotérica de trabajar el campo, sin embargo, eso denota un alto grado de desconocimiento todavía de la técnica. La ciencia no hace muchos siglos era considerada como magia negra e incluso las investigaciones actuales en materia de mecánica cuántica, las partículas de dios, etc. tienen más de mística que de ciencia sólo porque el ser humano las desconoce en gran medida. Lo que si es cierto es que los viticultores que se han pasado a la biodinámica les importa mucho su tierra y su trabajo en la viña, y lo que es demostrable es que el resultado un trabajo con dedicación y amor siempre es mejor.
¿En qué se beneficia el vino de esto? ¿Se puede notar? La respuesta a esta pregunta es difícil ya que la producción de vino no acaba con la vendimia, sino que empieza, por lo tanto, todavía le esperan muchos procesos a la uva que condicionaran el trabajo de campo. La preocupación de la biodinámica es conferir más particularidad de terruño al vino y eso se convierte en matices que muchas veces se hacen invisibles al degustador novel o poco experimentado. Si este es su caso, no se preocupe, como decía el personaje más importante de la literatura de Saint-Exupéry, el Principito, “lo esencial es invisible”.

Si todavía no conocen estos vinos, por qué no, degusten unos cuantos con amig@s a la luz de la luna en sicigias, es decir, cuando el sol y la luna están en línea recta que ocurre en luna llena o nueva. Es cuando las mareas son vivas y todos los líquidos de la tierra se alteran en sus cotas máximas. Eso lo saben de buena tinta los marineros que son expertos en astros, pleamares y vinos.

Les dejo con un lienzo de Marc Chagal en el que encontré uvas y la luna, un maridaje místico.

Enlace a “Biodinámica”

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