Las sonrisas del vino

Este proyecto del fotógrafo brasileño Marcos Alberti es sumamente interesante por lo que intenta plasmar los efectos del vino en las personas. La idea es sencilla, un retrato por copa de vino hasta tres, y los resultados son maravillosos, ya que en la mayoría de la gente provoca deshinibición y alegría. Se observa una clara evolución a la amabilidad y extroversión, y también, como es obvio, “calor” por el alcohol, ya que algunos de ellos están más sonrosados y se despojan de alguna prenda. Si alguien albergaba todavía alguna duda, esta serie de fotografías demuestran que el vino es el mejor remedio para curar la tristeza en el alma.

http://www.masmorrastudio.com/#!wine-project/cyck

Anuncios

Alcoholismo según Saul Bass

Como todos sabemos o deberíamos saber, el alcoholismo es una enfermedad muy grave pues conduce a la muerte por la necesidad de ingerir alcohol etílico de forma compulsiva. El enfermo tiene una fuerte dependencia física del mismo y padece el síndrome de abstinencia cuando no lo consume.

En algunos países, el alcoholismo es una enfermedad endémica y se ha intentado paliar con distintos métodos como, por ejemplo, mediante campañas como esta que mostramos. Cuando los medios audiovisuales aún no copaban toda la iconosfera, el cartel cumplía esa función informativa. Este es un diseño de Saul Bass, uno de los más célebres ilustradores norteamericanos y autor de carteles cinematográficos del calibre de Vértigo (Hitchcock) o El hombre del brazo de oro (Preminger), película que precisamente trata de otra dependencia, la heroína. Este cartel hace referencia a uno de los puntos débiles de la gente, nuestras personas más queridas, para recordarnos del terrible daño que podemos hacer a los demás con nuestra actitud.

El sector vinícola europeo se movilizó para crear Wine in Moderation, una iniciativa para el consumo responsable y la prevención del exceso. Ya que, para seguir disfrutando del placer de tomar vino, no hay que permitir que se nos suba a la cabeza. Aquí os dejamos también un enlace a un documental polaco de los setenta que muestra con crudeza los efectos del alcohol en las personas.

Enlace a Korkociag (Sacacorchos) de Marek Piwowski
Enlace a Wine in Moderation

Vermeer: el vino y el adulterio


Este lienzo del barroco holandés se titula Dama con dos caballeros, pintado por Vermeer sobre el 1659. En éste se muestran cinco elementos clave para su interpretación: una dama apartando la vista de un caballero que le ofrece una copa de vino, una ventana con un vitral, otro caballero en el fondo y un cuadro que cuelga de la pared.

Las obras del pintor holandés albergaban contenido moral mediante una serie pistas que sus contemporáneos comprendían sin problemas pero que ahora nos cuesta reconocer. Por una parte, en el barroco no se veía con buenos ojos que las mujeres tomaran alcohol y rostro de la protagonista pacere estar a punto de sucumbir ante la copa. Por otra parte, el resto de elementos delatan la situación en la que se encuentra la dama, previo a cometer adulterio. El hombre más próximo está reverenciándola, cortejándola. El vitral de la ventana representa la Templanza, la represión de los afectos, pero está abierta. El retrato se entiende como el marido de la dama y el hombre del fondo aparta la vista de la escena.

Esta obra posee los rasgos típicos de Vermeer: interiores, protagonista femenina, posición en planos paralela respecto al espectador y escenas cotidianas aparentemente sin trascendencia. Lo más curioso resulta la importancia femenina en sus obras y se debe a que el pintor vivía rodeado de mujeres: su esposa, sus diez hijas, criadas, suegra, etc. y es probable que sus modelos estuvieran dentro de esta lista. Vermeer las pintaba a menudo solas, absortas, en ambientes domésticos, siempre bañadas por una luz focal desde una ventana.

Viña roja, viña verde


La obra Viña roja es la única pintura que Van Gogh vendió en vida, por un valor de 400 francos. Fue realizada en Arles en la última década del s. XIX para una exposición en Bruselas del grupo Los XX. Se muestra una vendimia ya entrado el otoño al aterdecer. Aunque Van Gogh está enmarcado en el posimpresionismo, por su estilo empastado y colorista, Viña roja nos muestra un coletazo del realismo. El trabajo duro, de Sol a Sol, y doblado para vendimiar queda reflejado en este lienzo. Pues la mecanización de la viña ha supuesto que la recolección de la uva a mano sea cosa ya de un pasado en el que familias enteras migraban para ganarse el jornal revenrenciando la vid en jornadas interminables. Y por mucho que la paleta bucólica de rojos y amarillos y ocres nos hagan pensar en un antaño romántico, éste no fue así.

La obra Viña verde es más sobria y triste que la anterior. El viñedo se muestra de día y con las cepas visiblemente enfermas. Precisamente, a finales del s.XIX, la filoxera atacó el viñedo francés produciendo daños irreparables para la viticultura europea. En su estancia en Arles, Van Gogh fue paulatinamente introduciendo sus estados emocionales mediante el color, a diferencia del estilo impresionista, que lo hacía como una mera observación y exaltación de la luz. Viña verde, a parte del problema de la filoxera, refleja un estado depresivo y decadente por parte del autor ya que su salud iba empeorando, hasta que el artista murió pocos años depués de realizar estas obras.

El triunfo de Baco


Esta obra temprana de Velázquez, expuesta en el Prado desde 1819, es popularmente conocida como Los borrachos. El pintor sevillano, con su mordaz visión de la realidad, hace una crítica al pensamiento barroco que atribuía al vino propiedades liberadoras e inspiradoras. No obstante, Velázquez compone un lienzo en el que un grupo de bebedores rancios son coronados por el dios Baco, parodiando las populares creencias anestésicas del vino.

La pintura mezcla varios estilos, uno más propio de la época, la representación del dios en la parte izquierda de la composición, y, por otro lado, una representación naturalista y nada idealizada de los borrachos en la mitad derecha. Cabe destacar el borracho que mira directamente al espectador, como si quisiera saber si somos de los que alzan el codo más de la cuenta. Además, personaje nos sonrie, como si Velázquez quisiera sacarnos los colores, aludiendo a nuestros descuidos etílicos. Otro personaje que cabe destacar es el que está de rodillas siendo coronado por Baco. Los exegetas afirman que se trata de un poeta de la época. Ciertamente, el personaje viste de forma distinta, más elegante y limpio que el grupo de secuaces pantagruélicos. Esta situación me lleva a concluir que el maestro sevillano no quiso cebarse con la crítica y salvó la creación literaria de su escarnio.

Yo, que soy un escritor compulsivo, me gusta tomar una copa (o dos si el vino es irresistible) cuando doy rienda suelta a la palabara. El vino me aviva los sentidos y me relaja, nada mejor para combatir la congoja de la hoja en blanco. Sin embargo, Dios me libre de ser coronado por Baco y comvertirme en un motivo del pesebre viviente bacuno del lienzo de Velázquez.

Arte, vino, publicidad…


Hace muchos, muchos años, la publicidad era arte. Eso era porque no había marketing ni una cultura popular que lo desaliñara todo. Por entonces había burgueses que querían que sus productos fueran legitimados por el arte de los pintores, escultores o arquitectos. Así fue como, en lo que hoy llamamos diseño gráfico y que antes se llamaba dibujo publicitario, encontramos hoy tantas obras maestras como las de Ramón Casas. Lamentablemente, tanto los vinos como las películas ya no se suelen reclamar con el trazo de los artistas, sino que con una sesión de fotos de una agencia de publicidad. Esta nueva tendencia sólo pasará a los anales de la historia de la psicología de la venta pero a nadie ya se le ocurre colgar estos nuevos anuncios en casa y menos en un museo.

Estoy convencido de que esto es un error pero los departamentos de marketing de las agencias son demasiado convincentes como para perder a sus clientes. Así que para los que todavía tengan un poco de sensibilidad, les recomiendo volver a esas antiguas prácticas publicitarias, ya que al menos el vino o el cartel pasará a la historia como obra de arte. Con esas prácticas se posibilitaba además el mecenazgo de los artistas y sus obras se dan a conocer. Sólo algunas marcas usan en la actualidad obras en sus etiquetas. Esto es de agradecer, especialmente si sustituye una etiqueta con el arquetípico esbozo del viñedo.