Floral, de vinya

De flores… no tantas, tal vez, un poco de jazmín, más bien miel y frutos exóticos como el maracuyá. El color, oro pálido, y para ser exactos, color quinoa cocida. En boca, la entrada es potente e inesperado, untuoso, ácido, que parece una tormenta veraniega que se disipa tan rápido como llega. Por lo general, si la etiqueta del continente no coincide con el contenido nos llevamos una decepción, pero en caso del Floral no es así ya que es un blanco muy bueno. Elaborado a base de Macabeo y de la ya casi inaudita Malvasía de Sitges, este vino es muy recomendable para pescados, tanto blancos como azules, y mejor sin salsa, pero también para servirlo con ensaladas de la antes citada quinoa u otro vegetal. Aunque en la nariz sea potente, en boca es poco persistente, así que no lo mezclen con quesos o sabores picantes. Un vino más que interesante.

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Gregal d’Espiells

Aunque este vino lleva un nombre de viento no es más que una brisa, una virazón, un aire de mar a tierra del crepúsculo, porque, de hecho, tiene aromas y tonalidades suaves. En la copa emergen destellos dorados pálidos, casi plateados, y tras una agitación aparecen olores que recuerdan el melón, las flores y la miel. Aunque le falta un poco de acidez y sazón, el Gregal tiene buena densidad, es oleoso y en la boca es ciertamente agradable. Este es un vino realmente delicado, por lo tanto, recomiendo que se abstengan de consumirlo los que disfrutan con un puñetazo en la boca. El Gregal marida bien con algún marisco suave o ceviche no demasiado picante.

Masia Freyé blanco

Muchas veces nos olvidamos que la procedencia del vino es la uva y esa sensación se agudiza porque no hay manera de encontrar aromas de dicha fruta en la copa. Es decir, huele a todo (pera, frutos rojos, vainilla, etc.) menos a lo que se supone tiene que oler. Sin embargo, el Masia Freyé, un blanco de las variedades de Parellada y Muscat, nos procura una sensación de morder uvas muy placentero (sobre todo, en el retronasal para los ya iniciados). Además, también podemos encontrar otros aromas en segundo plano como la miel, el jazmín y el orégano, así que nos deja la nariz bien servida cada vez que inhalamos los aires que se arremolinan en la copa. El Freyé es un vino fácil de tomar, compensado, amablemente ácido y untuoso, y, visualmente es pálido con reflejos dorados. Es una muy excelente elección para el verano si lo servimos bien enfriado y su precio es muy justo, alrededor de 5 €, pudiéndose encontrar incluso en algunos supermercados. Para platos fríos, ensaladas y sandwiches es más que recomendable, como también en aperitivos o copas nocturnas de chiringuitos de playa.

¡Moscatel seco!

Hace tiempo que los vinos de Juan Gil se merecen una entrada en este blog pero, inexplicablemente, el momento oportuno no llega. Quizás, el hecho poco inusual de encontrar un vino de Moscatel seco monovarietal (de un sólo tipo de uva) me ha puesto finalmente entre la espada y el teclado del ordenador.

La Moscatel está, a mi parecer, demasiado relegada a los vinos dulces y coupages (mezclas), una tarea nada despreciable pero que tiene connotaciones de “liga menor” por el absoluto dominio de los vinos secos. Esta propuesta de Juan Gil me parece sobresaliente y necesaria. Precisamente, la Moscatel es una cepa con mucha historia en el mediterráneo romano y con una capacidad aromática extraordinaria, además, es la única que se puede consumir como vino, pasa o simplemente como fruta. Demasiadas virtudes como para ignorarla. La reivindico!

Cata: limpio, blanco marfil. Azahar, miel, humo, menta, moho de curación.  Buena acidez, equilibrado, persistente.

Maridaje: ensaladas en general, cus-cus, pescado frito, aperitivos y charlas. Lecturas clásicas griegas (Homero, Plauto, etc.) o música etno-jazz como Zakir Hussain o Ali Khan.
 

En verano se hacen amigos

Los calores son propicios para muchas cosas, entre ellas se cuentan: descansar, hacer amigos o novi@s, y también beber más vino blanco. Seguramente, por eso de que se sirve más fresco, incluso porque suele ser más ácido y más ligero que el tinto.
Este verano, recomiendo para los calores a estos dos amigos, dos blancos bien distintos, pero igual de descamisados y simpáticos. Ànima de Raimat tiene un carácter ácido muy interesante, con recuerdos aromáticos de peras y albahaca. El Jardins de Perelada es más frutal y sosegado, tropical con piñas y cítricos, sobre todo.

Ambos representan bien el verano, las brisas de la noche en las que a uno se le despierta el apetito y la charla. Os recomiendo enfriarlos mucho, un toque de congelador antes de servirlos y acompañarlos de algo ligero para el diente.

Enlace a Jardins
Enlace a Raimat

A qué huele el campo?

Hay casos en los que la ficción supera la realidad, o como mínimo la dulcifica. El campo es un lugar duro para el ser humano y lleno de contrastes: frío – calor, tierno – cruel, bello – abrupto. Para los de ciudad, el campo es hermoso hasta que el olor a estiércol penetra a través de la ventanilla del coche. Ahí se acaba lo bucólico.
La idealización del campo se hace en la ciudad, a la que llegan sus productos listos para el consumo sin las asperezas de procedencia. Los urbanitas sólo apreciamos su lado más atractivo y refinado, manos limpias y sin cortes. Y esto es justo lo que pretende el “Perfum”, traernos los aromas de flores, miel, rocío y fruta ácida del campo para seguir mitificándolo.
El “Perfum” es el lado bonito del campo, sus aromas más deseados que nos recuerdan a los de una mujer, tanto en la vertiente Madre Tierra o en la versión más perversa del protagonista de la obra de Patrick Süskind. Lo que sí es cierto, es que este vino suele agradar en general más a las mujeres que a los hombres, sea por alguna de estas afinidades o porque muchos hombres, y por suerte cada vez menos, no saben cómo comportarse ante la delicadeza desbordada.
Y ahora sólo nos queda saber cuándo “perfumarnos”, pues yo diría que en muchas ocasiones. Para llamar la atención, es decir, cuando queremos atraer a alguien: “quédate a comer o al menos tómate una copita”. También cuando cansados de un día entre el tufo de ciudad, llegamos a casa, nos damos una ducha y nos sentamos a escuchar música, que sea Chopin por consonancia. Ah! que se nos ha olvidado la comida, pues bien, yo lo emparejaría con una ensalada elegante, de esas con marisco o salmón ahumado, o queso de cabra. 
Por cierto, recordar que al degustar un vino, mejor no echarse colonia ni perfume encima. No creo necesario explicar el por qué.

Enlace a Perfum

"sin" o "con"

Este verano compré un vino sin alcohol a mi mujer embarazada, pues ella también es una entusiasta como yo del milagro de la uva. En el mercado hay bien pocos, por no decir ninguno excepto el Natureo de Torres, así que, fue una elección fácil.

El Natureo no es un mosto, sino que posee cierta acidez que lo difiere del mero zumo. Sin embargo, que nadie se espere llegar a confundirlo con un vino de verdad. Es más, creo que el Natureo gusta más a la gente que no suele beber o le gusta el vino que a la gente que no puede beberlo y sí le gusta. Quizás, sea lo mismo que ver la película de un libro fabuloso: es posible que pongamos una cara tuerta después de la experiencia.

Para los curiosos, vale la pena probarlo. Supongo que algún día la ciencia encontrará el sistema perfecto para desarrollar un vino “sin” sin perder virtudes respecto a un vino “con”.

Si ya lo habéis comprado y no os gusta, va perfecto para cocinar.