Los mejores cavas, catalanes

Probablemente, Catalunya es más conocida en el mundo por sus espumosos que por sus vinos tranquilos. No porque los segundos no sean excelentes, sino porque ha logrado espumosos tan relevantes como los franceses. El Cava, las burbujas del sur de los Pirineos, se ha elaborado tradicionalmente con las variedades blancas: Xarel·lo, Macabeo y Parellada, y su zona geográfica natural ha sido el Penedés. Sin embargo, desde hace unos años, la región del cava ha ido conquistando terreno y asimilando nuevas variedades llegando a cierto despropósito territorial y de elaboración.

En la actualidad, estamos ante el peligro de la desintegración de la identidad del Cava y, por descontado, también de su calidad. Pero, por otro lado, hay elaboradores catalanes que han sabido sacar partido o reinventar una tradición a punto de ahogarse en su propio éxito, trabajando con variedades y técnicas a veces inesperadas o afianzando su “savoir faire”. Así, comienza la rescritura de un buen guion, contar dentro de lo posible, lo imprevisible.

Como periodista detesto los rankings y los titulares publicitarios como: los mejores 5 o 10 cavas catalanes. Sin embargo, para ser justos me gustaría poner de relieve el trabajo de unas bodegas que, a mi subjetivo entender, es de lo más interesante que se elabora en Catalunya y que creo aportan al mundillo del Cava un interesante equilibro entre tradición/creatividad pero también, y lo más importante, una buena correlación entre calidad/precio.

Me gustaría destacar cuatro cavas rosados bien distintos, el Carles Andreu Reserva Barrica Brut Nature elaborado con Trepat en la Conca de Barberá, el Naveran Perles Roses de Pinot Noir del Penedés, el Privat Rosé Brut Nature hecho a base de Mataró (Monastrell) en Alella y el Clos Lentiscus a base de Sumoll que se hace en el Garraf. En cuanto a blancos,  remarcar a día de hoy dos, el extraordinario Els Capricis de Vilarnau elaborado con Xarel·lo envejecido en botas de castaño y el Bertha Cardús que es un clásico muy redondo.

Por suerte, la lista de maravillas se alarga a menudo ya que los elaboradores se están esmerando por ofrecer espumosos estimulantes y deslumbrantes y, además, con algunas entradas naturales, ya que el consumidor de hoy no le satisface cualquier cosa con burbujas (menos mal). Por lo que seguiremos rastreando, informando y disfrutando, especialmente en época estival.

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Espumoso rosado

Me gustaría hablar, o más bien elogiar, uno de los vinos más versátiles que conozco. El espumoso/cava/champaña rosado. Es lo que sería un Joker o Comodín en la mesa, cuando la elección de un vino se hace difícil por la variedad de platos de nuestros amigos en un restaurante o, porque, en realidad, no sabemos qué elegir para maridar. El espumoso rosado no es ni tinto, ni blanco, ni tampoco rosado, pues está fermentado dos veces. Tampoco es un vino dulce ni un vermut, sino todas estas cosas juntas. Un vino de comienzo a fin para todo tipo de comidas, así como también para degustarlo sin ellas, en un momento de relax, para leer, conversar o incluso tomar una copa.

una cita con la Bertha


En el universo como en el cava hay tantas constelaciones como productores en el Penedés. Casi todos brillan mucho con sus tres estrellas (xarel·lo, parellada, macabeu) pero hay algunos que lo hacen con mayor intensidad, este es el caso del Bertha, un cava que por su relación calidad/precio debiera estar en las cartas estelares (al menos en los restaurantes).

Bajo la luz de las estrellas del final del verano me cito con la Bertha en Barcelona, en un restaurante innovador con unos amig@s. A pesar de tener nombre de obús alemán, la Bertha ha venido con unas burbujas de finas perlas y se ha perfumado de manzana, flores silvestres y un toque de bollería de leche. Estaré con ella toda la velada, de aperitivo hasta el postre, y después… ya veremos qué más, tal vez caiga otra botella.

La Bertha es desenfadada, amable y educada. Uno se puede divertir con ella hasta altas horas de la noche o incluso esperar a que amanezca hablando, riendo, picando unos canapés, escuchando música o haciendo lo que a uno le haga sentir enamorado de la vida.

Llopart

Todos somos animales de costumbres y sé qué vino me van a dar en casa de cada uno. Cuando asistí al aniversario de mi madre esperaba un Juvé y Camps Reserva de la Familia. Desde años siempre fue así y no había motivos para cambiar. Cuando descorcharon un Llopart Integral no supe salir de mi asombro. Vaya, renovarse o morir pensé yo. Al final de la comida se sirvió una tarta Sacher, pero el interior contenía mermelada de frambuesa envés de albaricoque. Más ácida. Fue entonces que pensé que el cava lo iba a tener difícil. Siempre fue difícil para el vino lidiar con el chocolate.

El Llopart lo hubiera preferido para los entrantes, pero no me defraudó en absoluto con la Sachertorte. De burbuja fina, seco pero no como para crear una disonancia insalvable con el postre y con suficiente fruta amarilla en la nariz, salió airoso de la prueba. Voy a repetir la experiencia, seguro.

Enlace a Llopart