Tokaji, el oro magiar



La leyenda cuenta que el Tokaji tiene su origen en los viñedos de los príncipes transilvánicos por allí el siglo xvii. Hoy en día existe una región en el nordeste de Hungría con el que se denominan unos vinos que Luis xiv los bautizó como: “el rey de los vinos, el vino de los reyes”.

El Tokaji se elabora a base de uvas de vendimia tardía de las cepas Furmint, Hárslevelü, principalmente, atacada por la botrytis. Con esas bayas se hace una pasta llamada aszú que mezclada con vino blanco en distintas proporciones (se numera en puttonyos 3-4-5-6) dan al vino una mayor o menor dulzor. Cuando el vino está elaborado a base de la lágrima de la pasta aszú, entonces lo llaman Eszencia. Una vez mezclado el aszú con el vino, comienza la vida del Tokaji, con una larga y lenta fermentación, y después una reducción en botella.

El dulzor del Tokaji es muy particular y complejo. Se dice que no cansa como otros vinos dulces y es que tiene el color del oro, huele a tarta de Santiago y sabe a limón macerado con miel. Hay que disfrutarlo bien frío y mejor entre horas, para beberlo sin mezclar con la comida, o después del postre que bien pudiera ser una tarta Sacher para rememorar en el paladar aquel Imperio austrohúngaro. Para mí, hay una hora especial para este vino y es entre 5 y 7 de la tarde, dependiendo si es invierno o verano, cuando uno termina de trabajar, empieza a caer la noche y corre una brisa fresca que lo incitan a relajarse.

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Malvasía Robert

La malvasía es una de las uvas más arcaicas y los vinos de esta variedad han sido de los más bebidos en el mediterráneo. Desde hace algunos años, las malvasías quedaron en el olvido después de épocas gloriosas como lo fueron la Edad media y el Renacimiento. La malvasía de Sitges es una de las más famosas y, aunque su cultivo va en detrimento, todavía hoy tiene unas cuantas hectáreas para cosechar en este pueblo bohemio catalán.

La malvasía es un vino dulce, generoso, untuoso como el aceite y de color ámbar tostado. Se creía que tenía propiedades tonificantes y medicinales, y así se describe en Tirant lo Blanc. Es muy recomendable para el postre o para la hora del té, en las tardes frías de otoño y a una temperatura más bien fresquita. Sus aromas de fruta madura son deliciosos y parece que estuviéramos saboreando mieles.