Nunca bebemos dos vinos iguales


Tal y como decía Heráclito, nunca entramos dos veces en el mismo río. En efecto, las mismas variedades de uva parecen distintas según la zona donde se vinifican. Precisamente, uno de los lugares más interesantes para catar un syrah es Alella, esa pequeña pero matona DO a tiro de piedra de Barcelona.

Por ejemplo, esta uva tinta es la que podemos encontrar en el Parvus. Un vino de crianza en el que la syrah no te avasalla con sus aromas balsámicos, sino que todavía conserva el frescor de la fruta y de hiervas aromáticas.

Si se deciden por el Parvus, éste funciona mejor ligeramente enfriado, y lo puden maridar con embutidos, ensaladas de pasta o con una tortilla española. Pero también, para pasar una tarde leyendo o escuchando música.

Enlace a “Parvus”

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El pícaro de Tormes


La bodega Matsu nos propone una redición del precursor de la picaresca, El Lazarillo de Tormes, esta vez, sin embargo, debidamente despalillado, estrujado y fermentado. Su vino joven llamado “El pícaro” es un vino tan goloso como un vino de misa y tan fresco como un revolcón en un pajar. Aunque esta comparación sea digna de una persecución inquisitorial, prefiero no guardar el anonimato como hizo el autor de El Lazarillo, el cual se atribuye precisamente a un clérigo que no se dio a conocer por las consecuencias que cabía esperar en pleno s. XVI.

En el mismo Lazarillo encontramos curiosos pasajes sobre el vino, como el que con una pajita larga de centeno sorbe vino del jarrón del ciego. Pero lo interesante de la obra no es el vino en sí, sino que abre las puertas al realismo literario después de idealizantes y mojigatas novelas caballerescas, tal y como ha venido sucediendo en el mercado vinícola. Las bodegas Matsu apuestan por vinos reales, ecológicos, sin los aditivos ni los químicos que a modo de efectos o defectos especiales se habían introducido en la botella en desmesura durante las últimas décadas. Buena prueba de las intenciones de la bodega es su etiqueta, con fotos de personas “reales” mirando a los ojos del consumidor.

Si quieren darle de comer a “El pícaro” les recomiendo unas migas, una pizza con algún embutido, pollo o  conejo a l’ast, o, incluso un kebab. Comida pícara y sin complicaciones para el Lázaro tinto.

Enlace a “Matsu”

Honeymoon & jazz

Este vino tiene nombre de balada de jazz. Una luna de miel embriagadora, pero efímera como una noche o una botella. La balada Honeymoon podría haber sido interpretada y cantada por Chet Baker, como la espléndida versión que hizo de My Funny Valentine.

El Honeymoon es un vino ligero pero muy sincopado. Tiene un color dorado pálido como los reflejos del cromado de una trompeta y un aroma de cítricos, salvia e hidromiel que recuerda a un muscat. Pero el Honeymoon es ácido, fresco y perfumado, fantástico para mitigar el calor de una jam session y renovar las fuerzas de los músicos. Si tuviera un club de jazz, lo ofrecería en mi carta.

Enlace a “Honeymoon”
Enlace a Chet Baker

Indigena


Reciclar en la cocina me parece extraordinario. Las “pizzas” en Italia o las “coques de recapta” en Cataluña son famosas en todo el mundo. Tradicionalmente se echaban las sobras sobre una masa simple de harina, agua y aceite de oliva, y al horno. Pero también están las “migas” con pan seco o la “ensaladilla rusa” de verduras cocidas anteriormente para sopa, entre las delicias de la cocina sostenible de todos los siglos.

Hoy mi madre ha preparado unas croquetas de pollo. Uno a l’ast que sobró del día anterior. Éste estaba adobado con laurel y tomillo, sin embargo estaba bastante reseco como para comerse más de dos tenedores. La bechamel de la croqueta hidrató el pollo y el pollo maceró la croqueta. Resultado: una croqueta casera grande, jugosa y con posgusto especiado. Me pareció que a esta artesanía de croqueta le vendría bien un Indígena que tenía desde hace una semana en la nevera. Estaba muy fresco, más de lo habitual, alrededor de los 10 grados. El Indígena es un vino de raza pura, es decir, monovarietal de garnacha. Hay pocos que se atrevan a hacer un vino así. Muchos buscan la combinación perfecta de uvas para elaborar el vino ideal incurriendo en la despersonalización del producto. Este tinto te habla a los ojos y sin doble intención. Además, para rizar el rizo, esta garnacha es de cultivo ecológico, un trabajo difícil y arriesgado. El mestizaje está tan de moda que encontrar un monovarietal es difícil, tanto como encontrarte a un típico caucásico, amerindio, negro africano o asiático, por ejemplo. Todos tenemos en nuestro imaginario los rasgos que definen a cada raza y cuando nos encontramos con el paradigma nos quedamos estupefactos con su belleza. Así es Indígena, una garnacha del Penedés arquetípica, noble, equilibrada, excepcional. “Esto es esto” me digo. La suavidad, el alcohol, el tono, el aroma,… el equilibrio que esperaba desde hace tiempo.

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