Un vino de Sefarad

Una de las grandes virtudes que posee el olfato es la capacidad de llevarte a otras épocas. Es la máquina del tiempo más simple y eficaz que conozco, con permiso de la música. El Peraj Ha’abib o Flor de primavera consigue hacer eso conmigo. Tiene aromas de arándanos y dulce de leche que también pueden percibirse en la suavidad de su paso por boca.

Hace años presencié un concierto de Jordi Savall y su música fue capaz de hacer lo mismo que este vino, llevarme a la misma época. Sentí que estaba en la Edad Media, o que ésta había venido a mí, aunque dicha consideración metafísica no viene al caso ahora. Me pude imaginar una encuentro de amantes en la Sefarad tolerante y plural. Allí, los enamorados bebían un Peraj Ha’abib, tan delicado y frutalmente acaramelado. Su amor trascendía el tiempo y los sentidos, como el vino y la música.

El Flor de primavera hay que beberlo sin acompañamiento gastronómico, para poder vagar por el tiempo hasta el final del concierto.

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EL26

Hace poco conocí un vino kosher muy interesante, El26 de Elvi Wines. Éstos son unos productores que están en varias regiones españolas empecinados en hacer buen vino, y en la mayoría de los casos lo consiguen. El26 se hace en el Priorat. Una DO que poco más se puede decir de ella, patria de vinos caros, intensos, alcohólicos, …y excepcionales.

En la copa, EL26 me desconcertó. Es un vino misterioso, oscuro, que ofrece un aroma enigmático y en pequeñas dosis. Los iniciados pueden pensar que este vino no destaca en nada, por este motivo no es recomendable para laicos. Sin embargo, EL26 es un vino pulido como un diamante, o mejor dicho, como un azabache por su tonalidad. Todo está en perfecto equilibrio. Nada destaca o ensombrece a nada. Las virtudes de este vino no se pelean para ser más evidentes, cada una está en su sitio, esperando a ser descubierta.

Un mito que no comparto es el de consumir tintos con carnes. A mí me gustan los tintos con algunas verduras, pescados y con legumbres. No soy amante de las comidas pesadas. Para el sábado, envés de un cholent o un chamin, prefiero unas lentejas sin carne. Cocidas con patata, calabaza, cebolla, pimiento y ajo, por ejemplo. Nada de ternera, cordero o chorizo. Precisamente, como EL26 es un tinto intenso pero sensible lo prefiero para las legumbres, como mucho para un estofado suave y dulce. Sinceramente, creo que un vino así se malbarataría con un plato duro y pesado. Me perece un sinsentido eclipsar este vino, cuando éste posee un balance y un suavidad tan hermosa.

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Adar

Este vino fue una recomendación. Yo no lo hubiera elegido si no fuese por la insistencia de Daniel, propietario de Call Barcelona, y tengo que reconocer que este vino conquistó a toda mi familia. Coupage de cuatro uvas a porcentajes parecidos y con nada menos que diez meses de barrica. Todos mis comensales quedaron prendados de este vino y voy a tener que ir a por más botellas si quiero tener a la familia contenta.

El Adar lo serví en un picoteo, ya saben, patatas, aceitunas, quesos, pan con tomate, etc. a la brisa del mar y algo fresquito. Creí que la botella tenía un agujero pues lo fulminaron mientras preparaba más viandas en la cocina. Así que como a mí me lo recomendaron, tengo el deber de recomendarlo. Este vino kosher asequible no va a disgustar a nadie y todos se sorprenderán de que en regiones poco conocidas para el gran público se hagan vinos tan deliciosos.

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