Para ignorantes

Los amantes del vino y los cómics como yo estamos de enhorabuena. La mítica editorial Cúpula nos trae del país vecino Los ignorantes, una novela gráfica sobre un año de convivencia de un viticultor y un autor (Leroy y Davodeau).

Los dos protagonistas, completamente “ignorantes” del oficio de otro, descubren todo un mundo nuevo lleno de arte y pasión por ambos lados. En la parte enológica, es interesante adentrarse en las labores de Leroy en la viña pues trabaja la biodinámica. Y por el otro lado, introducirá la novela gráfica a los no iniciados, ya que es un género un tanto olvidado y menospreciado en este país. Quizás el único “pero” de la obra es el excesivo ensalce de los vinos y cómics franceses, que aunque sea merecido, en ocasiones uno tiene la sensación algo chovinista.

Ah! lean con vino, por favor. Mejor si es uno de la lista que se imprime como colofón que son los que  la pareja cata durante ese año.

Enlace a “Los ignorantes”

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El Maestro, Margarita y el D-12

El día de Sant Jordi, en Barcelona, compré una nueva traducción de El maestro y margarita que, a mi juicio, es uno de las obras más impresionantes de la literatura universal. Mientras iba devorando capítulos pensaba con qué vino maridar mis lecturas crepusculares, pues libros de esta talla requieren un acompañante físico, no imaginario, vamos, como un médium entre la página impresa, mi mente y el sofá, algo que me amarre poéticamente a la tierra en mi flotar literario.

Haciendo un repaso de memoria a los vinos maridables no se me ocurría nada particularmente apropiado, y de repente, llegó a mi casa por mensajero el D-12 que me lo enviaban desde La Rioja, concretamente, los de Lan. ¿Será el destino o una fuerza maléfica?  En cualquier caso, Eureka! Como caído del Infierno, pues de eso trata el libro, de cómo el Satán extiende sus garras sobre la Unión Soviética, inspirada claramente en el Fausto de Goethe.

Pues ahí lo tenemos, la vainilla que nos recuerda Margarita, y el tacto aterciopelado al diablo, porque no se crean que el príncipe de la las tinieblas va envuelto en un manto de fuego. Satán es un dandi, erudito y refinado. Además, como ya dije en una entrada anterior la suavidad del D-12 es pura literatura o, cuanto menos, puro divagar cultural que tanto hace falta en los tiempos que corren.

Sin embrago, para los que no leen, también les recomiendo maridar al D-12 con algún plato. Para ser algo más originales que con la típica carne, lo recomiendo para un cous-cous con salteado de verduras, o para empedrados de judías o arroz, por ejemplo. Ya que grandes o menudos lectores también tienen que llenar el estómago en algún momento del día.

Panero: poeta del alcohol y la locura


Leopoldo María Panero es un poeta español, maldito y de culto. De estirpe franquista se situó en la izquierda radical, lo que le costó el encierro. Su obra es copiosa y reconocida. Estuvo recluído en psiquiatricos y fue un habitual de los narcóticos y del alcohol. Panero es un Beat a la española y tal vez el poeta contemporaneo más admirado.

Uno de sus poemas más importantes y paradigmáticos de su obra, La canción del croupier del Mississippi, habla sobre su excesiva relación con el vino (y otros alcoholes). He aquí un fragmento:

Y es que no hay otra comunión
ni otro espasmo que este del vino
y ningún otro sexo de mujer
que el vaso de alcohol besándome los labios
que este vaso de alcohol que llevo en el
cerebro, en los pies, en la sangre.

Tal celebración de malditismo hay que acompañarla con vino, pues no hay nada más triste que beber solo. Lean y beban (con moderación) con y por Leopoldo ya que los grandes poetas no son como las añadas excelentes que se repiten a menudo. Grandes añadadas de poetas suele haber muy pocas en un siglo.

Enlace a “El desencanto” de J. Chavarri.

Las flores del mal



Je sais combien il faut, sur la colline en flamme,
De peine, de sueur et de soleil cuisant
Pour engendrer ma vie et pour me donner l’âme;
Mais je ne serai point ingrat ni malfaisant,

Charles Baudelaire dedicó un capítulo al vino en su poemario Las flores del mal. Baudelaire fue un poeta maldito, bohemio donde los haya y decadente, oscuramente romántico. Entregado al vicio, se dedica a hacer el mal en si mismo, una forma de autodestrucción simbólica y crítica con sus contemporáneos burgueses. Se dijo de él que era Dante de una época decadente. El capítulo Le vin contiene cinco poemas maravillosos, en los que el autor repasa el vino y sus bebedores, desde el asesino hasta los amantes.

Para estos poemas os recomiendo un vino de Borgoña. Aunque este vino os pueda parecer poco decadente, no perdamos de vista que estamos tratando con lírica y la pinot noir, uva tremendamente delicada y tradicional de Borgoña, es una buena opción. Elijan un vino caro, el que puedan permitirse, el arte sublime debe maridarse con arte sublime. Y si terminan ebrios, Baudelaire sonreirá desde su tumba en Montparnasse.

Rabelais y el buen uso del vino


Mucho se ha escrito sobre el vino, pero una obra curiosísima es El tratado del buen uso del vino del escritor carnavalesco François Rabelais. Este libro es un tesoro desenterrado para los amantes del escritor francés. Todavía no se he encontrado el original y sólo se conserva una copia traducida al Checo, y ahora editada al castellano por Melusina. En sus breves páginas, Rabelais nos habla de los cuidados que hay que tener al beber, los enemigos del vino, et caetera. El libro se lee de un sorbo y hay que leerlo acompañado, ya que hay de qué reírse y eso es mejor en grupo.

Rabelais era un médico de Lyon, y se cree que escribía para entretener a sus pacientes. Sus novelas sobre Gargantúa y Pantagruel son grotescas y surrealistas, y las recomiendo como el mejor de los vinos. Para los que quieran saber más de este autor renacentista, podéis buscar un estudio de Mijaíl Bajtín, pues es de obligada lectura para los que queden prendidos de Rabelais.

Durante estas lecturas, amigos bebedores pantagruélicos, os recomiendo un vino de Beaujolais, pues es la región limítrofe con Lyon. Un Beaujolais Nouveau es una excelente elección. Un vino tan exuberante frutal que resulta carnavalesco y grotesco. Si no tenéis a mano este vino francés, entonces buscad un vino nuevo de la región más cercana y suplirá sin problemas la omisión. Buena lectura, os dejo con una cita:

“Cuando corra el vino de cepas viejas
empinaré el codo hasta las orejas.
El caldo frío, dáselo a tu tío
y el vino caliente, a mi pariente”