No tengo palabras…


Me encontraba en un restaurante. Éramos dos, en una cena romántica de pescado y verduras con distintos aderezos y salsas. La carta de vinos era amplia e inteligente. La sugerencia del voluntarioso sumiller clara: un cava. Pero no. Había un vino que me pedía su compañía con “Més que paraules” (“Más que palabras” en catalán).

Este blanco, un vino de la zona del Pla del Bages, ha sido creado a base de un coupage de Sauvignon, Chardonay adaptadas a Catalunya y la local Picapoll. Ofrece una gama de olores y sabores sorprendentemente amplia, de lo fresco a lo graso, y es una opción fantástica no sólo cuando necesitamos versatilidad, sino que, además, el vino nos regala una polisemia de cualidades como si fueran niveles introspectivos de carácter en cada una de las situaciones gastronómicas en las que nos encontramos: berenjena asada y queso fresco, arroz de camarones, atún crudo y aguacate, entre otras maravillas culinarias.

Pensaba yo: este vino sería delicioso para leer poesía contemporánea, sin embargo, no duró hasta el final de la cena. Agotamos la única botella que teníamos antes del postre. Otra vez será que lo maride con negro sobre blanco.

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