Espumoso rosado

Me gustaría hablar, o más bien elogiar, uno de los vinos más versátiles que conozco. El espumoso/cava/champaña rosado. Es lo que sería un Joker o Comodín en la mesa, cuando la elección de un vino se hace difícil por la variedad de platos de nuestros amigos en un restaurante o, porque, en realidad, no sabemos qué elegir para maridar. El espumoso rosado no es ni tinto, ni blanco, ni tampoco rosado, pues está fermentado dos veces. Tampoco es un vino dulce ni un vermut, sino todas estas cosas juntas. Un vino de comienzo a fin para todo tipo de comidas, así como también para degustarlo sin ellas, en un momento de relax, para leer, conversar o incluso tomar una copa.

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Más que un "bitter"


La frambuesa es una baya rojiza y silvestre que tiene propiedades térmicas considerables. Su jarabe se usa para curar resfriados y catarros, que son una de las peores calamidades que pueden sufrir los vinófilos puesto que anulan la percepción total de las sensaciones olorosas y gustativas.

Precisamente, este vino castellano huele de forma delicada a jarabe de frambuesa pero, por suerte, es seco, a diferencia del remedio. Posee un ligero y agradable sabor amargo que bien enfriado yo lo bebo como aperitivo estos días de verano. También uno puede seguir tomándolo durante la comida si marida bien con los otros platos pero, sobre todo, es en el aperitivo donde despliega sus virtudes, con minitostas, berberechos, aceitunas u otros enlatados varios.

Además, el Tombú posee una estética muy particular que me recuerda al remedio casero natural pero envés de curarme el frio del cuerpo, me cura fabulosamente los calores meridionales.

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Homenaje


Decían algunos viticultores que plantar rosales cerca de las viñas le confería al vino aroma de rosas. Esta creencia es poco plausible ya que no tiene ninguna base científica, sin embargo, el viñedo tiene un aspecto magnífico con las flores.

La esencia de rosa es una de las más cotzadas, se necesitan toneladas de pétalos para destilar un poco de aceite esencial. Además, es casi imposible reproducirlo artificialmente en el laboratorio. Los fenoles y los terpenos que están en las plantas sirven para ahuyentar a los animales herbívoros. Los humanos usamos su aroma como antidepresivo, calmante e incluso como afrodisíaco, por eso nunca falta en las situaciones románticas.

La etiqueta del Homenaje me sugería que éste no sería un rosado como los otros. Una fresa, unos frutos del bosque,… una flor, ¿quizás una rosa? Me gustan las etiquetas diferentes, y esta es especialmente extraña. Aunque no sabría decir si me gusta. El Homenaje apuesta sólo a una carta, la de la garnacha. Uva que su uso ha ido un poco caída en los últimos tiempos en detrimento de la Sauvignon, ya ésta da al rosado un color y unos aromas más intensos.

Al primer golpe de nariz supe que este vino me iba a dar una grata sorpresa. Olí y olí, no podía sacar la nariz de la copa. Su olor me atrapó y no me dejaba en paz. Las frutas de la etiqueta, sí, estaban una a una. Sin embargo, había un aroma distinto, que conocía pero era incapaz de recordarlo ya que no es habitual en los vinos. Después de algunos intentos, me afloró. La rosa. Efectivamente, la rosa. El aroma que todos persiguen y nadie consigue. La rosa. ¿Será que en Navarra plantan rosales en los viñedos? Ese día bebí poco vino. Pasé un buen rato sentado en el sillón oliendo el Homenaje hasta que me obligaron a unirme a los comensales. El aroma de rosas es adictivo. Hay que tener cuidado.

En efecto, los rosales son usados en los viñedos como detector de enfermedades. Las flores son más sensibles que las parras y son atacadas por los parásitos antes, por lo que da tiempo al viticultor a proteger los viñedos.

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