V Concurso de Blogs DO Catalunya

Por tercera vez consecutiva, Res Vini ha sido finalista en el concurso de Blogs de la DO Catalunya. Este reñido concurso presentó y galardonó el mejor blog de vinos ya por quinta vez. Cabe decir, que la organización también se va superando a cada edición y, esta vez, la velada se celebró en la increíble Casa Fuster, una joya del modernismo barcelonés y bajo una hermosa noche de junio pudimos catar unos vinos de la DO más que interesantes como el deslumbrante Macizo. La gastronomía, a cargo del hotel, estuvo obviamente a la altura y de la que me gustaría destacar las gambas en tempura de tinta de calamar. Faltaron tapas vegetarianas y la posibilidad de catar más posiciones de la DO, de aquéllas que  hay que buscarlas en el catálogo y poner chinchetas en el mapa. En cualquier caso, estas veladas son una estupenda ocasión para que todo el cenáculo de vinófilos, y no sólo catalanes, podamos reencontrarnos.

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Floral, de vinya

De flores… no tantas, tal vez, un poco de jazmín, más bien miel y frutos exóticos como el maracuyá. El color, oro pálido, y para ser exactos, color quinoa cocida. En boca, la entrada es potente e inesperado, untuoso, ácido, que parece una tormenta veraniega que se disipa tan rápido como llega. Por lo general, si la etiqueta del continente no coincide con el contenido nos llevamos una decepción, pero en caso del Floral no es así ya que es un blanco muy bueno. Elaborado a base de Macabeo y de la ya casi inaudita Malvasía de Sitges, este vino es muy recomendable para pescados, tanto blancos como azules, y mejor sin salsa, pero también para servirlo con ensaladas de la antes citada quinoa u otro vegetal. Aunque en la nariz sea potente, en boca es poco persistente, así que no lo mezclen con quesos o sabores picantes. Un vino más que interesante.

El vino de Heidi

No es de lejos el destino más deseado para hacer enoturismo y casi no figura en los mapas vinícolas, sin embargo, es una de las zonas más pintorescas y sorprendentes de Europa para descubrir cepas y paisajes, me refiero a los Grisones y la Suiza Oriental.

Quizás los intrépidos conocedores hayan catado los vinos de Valais o de Ticino donde se produce la mayor cantidad de botellas y su nombre tiene más repercusión internacional. No obstante, la zona suroriental del país transalpino es un festival de pequeños vitucultores que con pasión elaboran un vino extraordinario. Estos vinos por lo general no se distribuyen fuera de la región por la baja producción y por la descabellada competencia en los puntos de venta.

Desde Zúric hasta Chur, al sur de Liechestein, se extiende un escarpado valle con dos lagos hermosos, el Zürichsee y el Walensee. En estos valles se enraizan viñedos ya traídos por los romanos con una gran preponderancia de la Pinot Noir que aquí la llaman Blauburgunder. Es por esto que con frecuecia la denominan a esta zona la Borgoña de Suiza, y no es para menos.

A orillas del lago Zúric se encuentra la Goldküste, una las zonas más ricas del mundo pero los viticultores todavía conservan el terruño ante la especulación. A lado y lado del lago podemos encontrar preciosas viñas divididas en producción entre blancos y tintos casi 50 por ciento (chardonnay, riesling, räuschling, pinor noir, gamay, etc.) En esta zona también merece la pena una visita el museo vinícola y la pequeña ciudad de Rapperswil, una joya arquitectónica de tradición vinícola y floral.

A menos de una hora por carretera llegamos a Maienfeld en región los Grisones, la patria de Heidi y que por cierto es posible visitar su casa. Aquí, la viña ya ha ocupado todo el espacio que las montañas le permiten y nos encontramos con mucha más extensión uva que a las orillas del Zürichsee. Esta zona es muy hermosa y sus vinos prácticamente sólo se pueden encontrar en los restaurantes autóctonos o en la misma bodega donde siempre le atienden a uno con mucha cordialidad.

Precisamente, el hecho de que en estas dos regiones la mayoría sean pequeños viticultores desconocidos y vivan de su trabajo con la responsabilidad y el amor de la tradición, los visitantes siempre son bienvenidos y en la bodega podremos catar diferentes variedades y comprar a nuestro antojo. Es obvio que en Suiza no vamos a poder encontrar vinos locales por menos de 10€, pero entre 10 y 20€ hay una gama más que sobresaliente que nos sorprendenrán de manera muy grata.

Quizás estos dos enclaves tengan mucho en común con nuestra Alella por las pequeñas producciones, por el mimo que los viticultores dan a sus vinos, sus particularidades climáticas, por su larga tradición y por la acosante especulación del suelo que hace que cada racimo valga su precio en oro. Todas estas características les confieren a estas zonas un atractivo muy especial y su visita es un obligación ineludible para el viajero enófilo.