Petit Almodí

(Petit Almodí con fajitas mexicanas… una cenita casera para un día lluvioso de primavera. Queso, carne, aguacate y rúcula. Rubí y brillante. Frutas maduras con regaiz. Dulce i picante en boca, liviano y ácido.)

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35 Muestra de vinos y cavas de Catalunya

Coincidiendo con las fiestas patronales de Barcelona, el ICAVI organiza una muestra por todo lo alto cada año, ya la número 35, en la que el gran público y los profesionales podemos degustar distendidamente y también “intensivamente” una variopinta gama de novedades y curiosidades vinícolas Catalanas.

Obviamente, no voy a resumir ahora lo más interesante, sino que irá apareciendo en forma de entradas en este blog en los próximos meses. Ya que una cosa es catar con el entusiasmo de la ocasión y, otra, muy distinta, es hacerlo con todo el tiempo y la comodidad de la propia casa pudiendo maridar con libertad los vinos.

En cualquier caso, felicitar a la organización por la atención recibida en nombre de los bloguers y por los maravillosos espacios destinados a catas, maridajes y selección, pues hacen nuestro trabajo más fácil y agradable.

Lo que me gustaría destacar es una excelente iniciativa artística que “marida” con el vino estupendamente y que se llevó a cabo en la Muestra. Me refiero al concurso de Sketching, una actividad que atrajo muchos dibujantes a plasmar escenas vínicas y que compartieron con el público asistente. Esta disciplina, a partir de ahora, también será acogida en Res Vini como forma de expresión.

Por todo esperamos la siguiente Muestra con mucha expectación.

Flow

El flow es una creación de la bodega biodinámica Sota els Àngels a base de syrah, merlot, viognier i picapoll, aunque de estos últimos las cantidades son casi despreciables. Es un tinto de poco cuerpo y pigmentación. De tonos rubíes hacia caramelo en el ribete. Los aromas son complejos y duraderos: col fermentada, aceitunas negras, vainilla, compota de higos y yodo. Su paso por boca es equilibrado y largamente persistente. Es un vino franco y muy apetecible. Perfecto para huevos, montaditos, carnes blancas o verduras a la plancha y platos a base de patata. Se lee muy agradable con el, muy meditativo y euclidiano (flow: todo fluye).

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El vino de Heidi

No es de lejos el destino más deseado para hacer enoturismo y casi no figura en los mapas vinícolas, sin embargo, es una de las zonas más pintorescas y sorprendentes de Europa para descubrir cepas y paisajes, me refiero a los Grisones y la Suiza Oriental.

Quizás los intrépidos conocedores hayan catado los vinos de Valais o de Ticino donde se produce la mayor cantidad de botellas y su nombre tiene más repercusión internacional. No obstante, la zona suroriental del país transalpino es un festival de pequeños vitucultores que con pasión elaboran un vino extraordinario. Estos vinos por lo general no se distribuyen fuera de la región por la baja producción y por la descabellada competencia en los puntos de venta.

Desde Zúric hasta Chur, al sur de Liechestein, se extiende un escarpado valle con dos lagos hermosos, el Zürichsee y el Walensee. En estos valles se enraizan viñedos ya traídos por los romanos con una gran preponderancia de la Pinot Noir que aquí la llaman Blauburgunder. Es por esto que con frecuecia la denominan a esta zona la Borgoña de Suiza, y no es para menos.

A orillas del lago Zúric se encuentra la Goldküste, una las zonas más ricas del mundo pero los viticultores todavía conservan el terruño ante la especulación. A lado y lado del lago podemos encontrar preciosas viñas divididas en producción entre blancos y tintos casi 50 por ciento (chardonnay, riesling, räuschling, pinor noir, gamay, etc.) En esta zona también merece la pena una visita el museo vinícola y la pequeña ciudad de Rapperswil, una joya arquitectónica de tradición vinícola y floral.

A menos de una hora por carretera llegamos a Maienfeld en región los Grisones, la patria de Heidi y que por cierto es posible visitar su casa. Aquí, la viña ya ha ocupado todo el espacio que las montañas le permiten y nos encontramos con mucha más extensión uva que a las orillas del Zürichsee. Esta zona es muy hermosa y sus vinos prácticamente sólo se pueden encontrar en los restaurantes autóctonos o en la misma bodega donde siempre le atienden a uno con mucha cordialidad.

Precisamente, el hecho de que en estas dos regiones la mayoría sean pequeños viticultores desconocidos y vivan de su trabajo con la responsabilidad y el amor de la tradición, los visitantes siempre son bienvenidos y en la bodega podremos catar diferentes variedades y comprar a nuestro antojo. Es obvio que en Suiza no vamos a poder encontrar vinos locales por menos de 10€, pero entre 10 y 20€ hay una gama más que sobresaliente que nos sorprendenrán de manera muy grata.

Quizás estos dos enclaves tengan mucho en común con nuestra Alella por las pequeñas producciones, por el mimo que los viticultores dan a sus vinos, sus particularidades climáticas, por su larga tradición y por la acosante especulación del suelo que hace que cada racimo valga su precio en oro. Todas estas características les confieren a estas zonas un atractivo muy especial y su visita es un obligación ineludible para el viajero enófilo.

Filosofía del vino según Hamvas

CUA0064La prestigiosa editorial El Acantilado tiene en su catálogo un libro, aunque casi es un cuaderno o panfleto, sobre el vino. Escrito por un intelectual húngaro, Béla Hamvas, en sus poco más de cien páginas alberga unos cuantos pensamientos sagaces y pseudo-científicos, o cuanto menos, extraños, que despertarán sonrisas y caras de estupor en el lector. La filosofía rehuye de lo políticamente correcto y no le podemos achacar ciertos radicalismos sino un sentido crítico como requiere el género. Será para algunos muy interesantes las referencias al vino húngaro, una de las grandes e históricas regiones no mediterráneas, para así descubrir nuevas coordenadas en el mundo vinícola. Así que, llenen la copa hasta los ¾ y lean y beban de un trago.

La vinya i el vi a Catalunya

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La editorial Angle nos ofrece la posibilidad de subirnos en una magnífica máquina del tiempo: un libro que recoge una considerable cantidad de fotografías de archivo de la Cataluña vinícola. Con toda seguridad, ésta será una entrada maravillosa en nuestra biblioteca, especialmente, para los verdaderos amantes de la enología, pues los textos de Jordi Llavina son históricamente esclarecedores y gratamente nostálgicos. Para los que no entiendan el catalán, van a poder disfrutar igualmente de los documentos gráficos de los mejores archivos posibles, ya que, poder tener la oportunidad de observar los trabajos manuales, las técnicas pretéritas, las ropas desgastadas y las fisonomías cansadas, no tiene precio que, por cierto, es muy económico, alrededor de 35 €. Por consiguiente, no duden en escanciar lentamente esta edición.

Gregal d’Espiells

Aunque este vino lleva un nombre de viento no es más que una brisa, una virazón, un aire de mar a tierra del crepúsculo, porque, de hecho, tiene aromas y tonalidades suaves. En la copa emergen destellos dorados pálidos, casi plateados, y tras una agitación aparecen olores que recuerdan el melón, las flores y la miel. Aunque le falta un poco de acidez y sazón, el Gregal tiene buena densidad, es oleoso y en la boca es ciertamente agradable. Este es un vino realmente delicado, por lo tanto, recomiendo que se abstengan de consumirlo los que disfrutan con un puñetazo en la boca. El Gregal marida bien con algún marisco suave o ceviche no demasiado picante.