Vinos de Lanzarote

Lanzarote es uno de esos lugares del planeta realmente bendecidos para la elaboración de vinos. La isla posee un paisaje irrepetible, esculpido por la tradición y la fuerza generativa de la Tierra. Esto, junto a una climatología contundente, da como resultado una producción prodigiosa, en especial, por su calidad.

Los vinos más reconocidos de Lanzarote son los blancos. Las malvasías, moscateles y listanes son sensacionales. Las malvasías, sin modestia y con consciente exageración, son las más sabrosas del mundo. Pero, además de estos monovarietales, también podemos encontrar vinos provenientes de cepas locales como la diego y la vijariego que también nos agasajan con resultados espléndidos.

En general, tanto blancos como tintos presentan una mineralidad muy refinada, más sutil que los vinos del Priorat. Son menos rústicos en este sentido y aportan el olor de la ceniza a la más que interesante paleta de aromas autóctonos como la fruta verde y las flores. Los blancos volcánicos son milagrosos en la gastronomía pesquera lanzaroteña. Espléndidos con sardinas, morena, sama, bocinegro, etc., aunque para los quesos de la isla recomiendo el catálogo de los semidulces y dulces, especialmente, si van acompañadas de mojo ya que contrastan gratamente.

Los dulces tienen una gran tradición en las Canarias. De hecho, me gustaría insistir en ellos para  maridajes que no sean postres o chocolates. Es sumamente interesante maridar los semidulces con queso curado de cabra y con las papas. Algunos vinos como el Canari son una verdadera iluminación ya que, con tres soleras añejas, dicho elixir quita el habla.

Los tintos lanzaroteños son buenos y amables, minerales, pimientados. La uva tradicional es la listán pero es de lamentar que en la actualidad se van sumando otras variedades peninsulares y francesas ya sea por un complejo de inferioridad o por un afán comercial erróneo. Lo que debería hacer la viticultura local es ser ortodoxa en su tradición ya que su singularidad no tiene parangón y si hubiera que innovar, debería ser con vinos naturales, biodinámicos o con fermentaciones en barro que tradición no les falta para ello.

Una de las mayores virtudes del vino lanzaroteño es que tiene una escenografía asombrosa. Un paisaje lunar repleto de cráteres con vides en sus entrañas protegidos de la ira de los elementos. En efecto, en la isla, hay tres formas de conducir la viña, en hoyo, en zanja y en chaboco. Todas intentando arrebatar a la tierra los nutrientes y el agua, al mismo tiempo que salvaguardándose de Eolo. En cada zona vinícola se usa más un sistema que otro por la cantidad de ceniza vertida durante las erupciones ya que la vid tiene que penetrar en la tierra para ofrecer su fruto. Pero, en cualquier caso, en todas las zonas se conserva esa mágica mineralidad en mayor o menor medida que caracteriza los vinos de la isla.

El enoturismo es bastante popular en Lanzarote aunque no tenga un excelente nivel. Todavía no todas las bodegas que uno quisiera visitar están en disponibilidad de ofrecer algo atractiva a parte de mostrar un arado o una prensa ancestral. Además, todavía hace falta poder realizar actividades enológicas fuera de la bodega, maridajes culturales, etc. Por suerte, Lanzarote tiene a favor su vulcanicidad, con dos zonas productoras separadas que visitar, la Geria-Masdache al sur, y Ye-Lajares al norte. Y a pesar de que la fama se la lleva la Geria, al otro extremo de la isla, en Ye-Lajares descubrimos un paisaje y unos vinos no menos impresionantes. Además, como curiosidad, en Ye-Lajares se vendimia la uva más temprana de Europa, antes que el Beujolais.

El gran desafío para los próximos tiempos será la incuestionable incorporación de los vinos de Lanzarote a las cartas de los restauradores y las bodegas, al menos, de las grandes capitales ya que todavía es difícil encontrarlos. Porque si los supermercados pueden posicionar sus marcas en la isla con un coste ecológico devastador, el Gobierno debería incentivar para que los vinos, uno de los productos más respetuosos con la tradición y la preservación natural,  pudieran descorcharse en las mesas de los devotos más allá de sus costas. Porque quien no se ha bebido un vino de Lanzarote, aún le queda mucho por beber.

Recomiendo al lector el siguiente libro: Lanzarote y el vino

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El vino de Barcelona

Seguro que muy pocos lo saben, pero en Barcelona hay una viña que produce el vino de la ciudad. Esta idea, algo peregrina, fue del ex-alcalde Joan Clos que acabó en fiasco porque pretendía aunar, en unas pocas hectáreas, las vides mediterráneas más significativas: ibéricas, italianas y griegas, sin tener en cuenta el clima y el suelo. Muchas de las cepas no se adaptaron y el proyecto faraónico sólo usó para los actos oficiales de la ciudad condal. Pasaron los años, y la urgencia de dar un sentido al extremado coste de la estupidez política, se destinó la finca a un proyecto social de jóvenes con riesgo de exclusión y discapacidad mental. En Can Calopa residen y trabajan ahora 12 chicas y chicos, que con una plantación mayoritariamente de syrah, elaboran el único vino de Barcelona. A partir de este año saldrá a la venta para financiar su proyecto social gestionado por la Olivera, así que si lo ven en la bodega, no duden en contribuir.

 

V Concurso de Blogs DO Catalunya

Por tercera vez consecutiva, Res Vini ha sido finalista en el concurso de Blogs de la DO Catalunya. Este reñido concurso presentó y galardonó el mejor blog de vinos ya por quinta vez. Cabe decir, que la organización también se va superando a cada edición y, esta vez, la velada se celebró en la increíble Casa Fuster, una joya del modernismo barcelonés y bajo una hermosa noche de junio pudimos catar unos vinos de la DO más que interesantes como el deslumbrante Macizo. La gastronomía, a cargo del hotel, estuvo obviamente a la altura y de la que me gustaría destacar las gambas en tempura de tinta de calamar. Faltaron tapas vegetarianas y la posibilidad de catar más posiciones de la DO, de aquéllas que  hay que buscarlas en el catálogo y poner chinchetas en el mapa. En cualquier caso, estas veladas son una estupenda ocasión para que todo el cenáculo de vinófilos, y no sólo catalanes, podamos reencontrarnos.

Los mejores cavas, catalanes

Probablemente, Catalunya es más conocida en el mundo por sus espumosos que por sus vinos tranquilos. No porque los segundos no sean excelentes, sino porque ha logrado espumosos tan relevantes como los franceses. El Cava, las burbujas del sur de los Pirineos, se ha elaborado tradicionalmente con las variedades blancas: Xarel·lo, Macabeo y Parellada, y su zona geográfica natural ha sido el Penedés. Sin embargo, desde hace unos años, la región del cava ha ido conquistando terreno y asimilando nuevas variedades llegando a cierto despropósito territorial y de elaboración.

En la actualidad, estamos ante el peligro de la desintegración de la identidad del Cava y, por descontado, también de su calidad. Pero, por otro lado, hay elaboradores catalanes que han sabido sacar partido o reinventar una tradición a punto de ahogarse en su propio éxito, trabajando con variedades y técnicas a veces inesperadas o afianzando su “savoir faire”. Así, comienza la rescritura de un buen guion, contar dentro de lo posible, lo imprevisible.

Como periodista detesto los rankings y los titulares publicitarios como: los mejores 5 o 10 cavas catalanes. Sin embargo, para ser justos me gustaría poner de relieve el trabajo de unas bodegas que, a mi subjetivo entender, es de lo más interesante que se elabora en Catalunya y que creo aportan al mundillo del Cava un interesante equilibro entre tradición/creatividad pero también, y lo más importante, una buena correlación entre calidad/precio.

Me gustaría destacar cuatro cavas rosados bien distintos, el Carles Andreu Reserva Barrica Brut Nature elaborado con Trepat en la Conca de Barberá, el Naveran Perles Roses de Pinot Noir del Penedés, el Privat Rosé Brut Nature hecho a base de Mataró (Monastrell) en Alella y el Clos Lentiscus a base de Sumoll que se hace en el Garraf. En cuanto a blancos,  remarcar a día de hoy dos, el extraordinario Els Capricis de Vilarnau elaborado con Xarel·lo envejecido en botas de castaño y el Bertha Cardús que es un clásico muy redondo.

Por suerte, la lista de maravillas se alarga a menudo ya que los elaboradores se están esmerando por ofrecer espumosos estimulantes y deslumbrantes y, además, con algunas entradas naturales, ya que el consumidor de hoy no le satisface cualquier cosa con burbujas (menos mal). Por lo que seguiremos rastreando, informando y disfrutando, especialmente en época estival.

Maridajes #12 Patatas bravas

Las patatas bravas son las indiscutibles reinas del tapeo. Según cuenta la leyenda, las “bravas” son originarias de Madrid, de la desaparecida “Casa Pellico”. Sin embargo, este plato o platillo ya no es coto de la capital sino que han proliferado por todo el territorio peninsular e incluso están registradas en las Naciones Unidas ya como plato típico español.

En cada cocina se preparan de forma muy distinta. Por una parte, la materia prima difiere enormemente: las hacen con patatas jóvenes, rojas, tardías, etc.; y por otro lado, dista también la elaboración: fritas en aceite, hervidas, hervidas y fritas o hervidas y horneadas, es decir, que no hay una forma correcta o incorrecta de hacerlas, cada cocinero nos servirá una incerteza. Y por si fuera poco, luego está la salsa que da nombre a la tapa. Dicen que la original es a base de tomate frito y cayena, pero las hay de alioli, alioli con pimientón, mojo picón, o ya completamente reinventadas. Lo cierto es que en muchos lugares se le añade mayonesa para que no pique tanto.

Tradicionalmente, las “bravas” se han tomado como aperitivo así que con un vermut se podrían acompañar, claro que sí. Igualmente, si no fuera por la mayonesa o el picante, las patatas serían las grandes gregarias del mejor vino tinto, así como lo es el pan, pero, ante esas salsas inefables, el dilema está servido. Lo mejor es no estropear un buen vino con las “bravas”, y si tenemos que estropear algo que sea el de la “casa”, pues la tapa no nos permitirá catar ningún vino decentemente.

Mi sugerencia para acompañar unas “bravas” es en realidad el vino rosado, o el cava rosado joven. El punto de acidez de estos vinos junto con un poco de cuerpo que todavía conservan de la uva tinta pueden contrarrestar el picante y la fécula respectivamente, y en cuanto a abordar la mayonesa o el alioli… bueno, esto tendremos que sufrirlo con una sonrisa.

Las sonrisas del vino

Este proyecto del fotógrafo brasileño Marcos Alberti es sumamente interesante por lo que intenta plasmar los efectos del vino en las personas. La idea es sencilla, un retrato por copa de vino hasta tres, y los resultados son maravillosos, ya que en la mayoría de la gente provoca deshinibición y alegría. Se observa una clara evolución a la amabilidad y extroversión, y también, como es obvio, “calor” por el alcohol, ya que algunos de ellos están más sonrosados y se despojan de alguna prenda. Si alguien albergaba todavía alguna duda, esta serie de fotografías demuestran que el vino es el mejor remedio para curar la tristeza en el alma.

http://www.masmorrastudio.com/#!wine-project/cyck

Floral, de vinya

De flores… no tantas, tal vez, un poco de jazmín, más bien miel y frutos exóticos como el maracuyá. El color, oro pálido, y para ser exactos, color quinoa cocida. En boca, la entrada es potente e inesperado, untuoso, ácido, que parece una tormenta veraniega que se disipa tan rápido como llega. Por lo general, si la etiqueta del continente no coincide con el contenido nos llevamos una decepción, pero en caso del Floral no es así ya que es un blanco muy bueno. Elaborado a base de Macabeo y de la ya casi inaudita Malvasía de Sitges, este vino es muy recomendable para pescados, tanto blancos como azules, y mejor sin salsa, pero también para servirlo con ensaladas de la antes citada quinoa u otro vegetal. Aunque en la nariz sea potente, en boca es poco persistente, así que no lo mezclen con quesos o sabores picantes. Un vino más que interesante.